Las líneas de autobuses de Guatemala pertenecen a empresas privadas. Es decir, cualquiera que tenga dinero para comprarse un autobús, o dos, o tres... puede montar su propia red de transportes. Estamos hablando de un país donde los negocios poco claros y con tintes mafiosos y los trapicheos están a la orden del día, y el "buscavidas" es un personaje muy abundante en todas las calles del país.
Eso sí, viajar en autobús debe ser de lo más divertido (yo no me atreví). En el vehículo va un conductor y un "ayudante". La tarea del conductor es obvia, pero ¿y el ayudante? Pues el ayudante hace lo siguiente: cuando llegan a un cruce de carreteras o de calles si están en zona urbana (en las carreteras no hay ni una señal de tráfico), el ayudante se baja, se planta en medio del cruce y para todo el tráfico para permitir el paso del autobús, luego vuelve a subir y continúan el viaje.
Al llegar a las paradas, el autobús no para del todo, por lo que la gente sube y baja con el vehículo aún en marcha. El ayudante aquí también colabora tirando equipajes y agarrando a la gente de la manga. Y es que van con mucha prisa, porque los conductores y sus ayudantes cobran por kilómetro recorrido, así que se trata de no perder tiempo parando.
Eso sí, hay que reconocerles que los autobuses son bonitos.











